| Qué
tendrá esta prenda para ser una estrella rutilante en el universo
que nos rodea Llegó en silencio, hace ya más de doscientos años, del lejano oriente, reconvertido de ancestrales indumentarias chinas. Llegó en silencio, con la humildad del recién llegado, haciéndose un hueco, poco a poco, en el entorno femenino de la moda. El mantón de Manila recibe su nombre de la palabra latina "MANTUN" y el apellido, de la ciudad por la que pasaban en tránsito todos los productos fabricados en China y con destino a la península Ibérica. Manila, capital de Filipinas, por aquel tiempo colonia Española, hacia de enlace entre la metrópolis y los fabricantes de mantones de seda. Éstos mantones, al principio, son pequeños y con bordados y flecos muy simples. Los dibujos son preferentemente de gusto oriental (Crisantemos, dragones, escenas de vida cotidiana, etc.). Poco a poco, los mantones se van haciendo más complicados y la influencia de los gustos occidentales se van reflejando en los nuevos diseños. Las flores de nuestros campos sustituyen a las chinas, pájaros y mariposas aparecen en unos mantones que se van acomodando a nuestros gustos. Así mismo los flecos empiezan a ser más largos y con enrejados cada vez más anchos. Al terminar en siglo XIX, España pierde sus colonias, pero esto no afecta en nada a la moda femenina; de hecho, el mantón vive su momento de gloria, crece en tamaño y en bordado, grandes flores lo cubren por completo y el fleco es fastuoso. En el nuevo siglo, el éxito continúa y grandes artistas inmortalizan hasta la saciedad a cupletistas cubiertas (o poco cubiertas) con preciosos mantones. Pero llegan las guerras y la alegría desaparece y con ella también desaparecen estas magníficas prendas. Pasa el tiempo (mucho tiempo), y alguna dama estrafalaria saca del baúl un antiguo y empolvado mantón, oliendo a naftalina y tras dejarlo airearse en el patio de su casa, se lo coloca para ir a la feria, o a una boda, o lo cuelga en su balcón al paso del "Corpus". Y alguna otra dama, igual de estrafalaria la imita, y otra, y otra...... Y el ciclo se renueva, poco a poco; vuelve el éxito. Afamados diseñadores los utilizan para sus vestidos de alta costura e incluso los han convertidos en cajas de bombones. Ahora, todo el mundo los ama en España, en toda Europa y aunque parezca mentira, también en Japón (¿vuelta a sus orígenes?).
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